jueves, 1 de mayo de 2025

Índice de relatos

Enlaces a los capítulos de la Serie "Maine":

Enlaces a los capítulos de la Serie "Los crímenes del St. Paul´s":
  • 1. El problema
  • 2. Una mala decisión
  • 3. Las obras
  • 4. La llegada
  • 5. La última escapada
  • 6. El hallazgo
  • 7. Las primeras investigaciones
  • 8. La huida
  • 9. La autopsia
  • 10. Un duro verano
  • 11. El regreso

Enlaces a otros relatos breves:

"Algunos de estos relatos ya se habían publicado previamente, pero eso no significa que por entonces estuvieran acabados, o ni siquiera que estén acabados ahora. La obra de un autor no está terminada hasta su muerte; siempre pueden venir bien unos retoques y unas cuantas revisiones más. Otros son nuevos. Hay algo más que quiero que sepas, me alegro mucho de que los dos estemos aquí."

Extracto de "El bazar de los malos sueños" de Stephen King

miércoles, 23 de abril de 2025

[ 1´ 40" ] 23 de abril

 



Hacía muchos años que había dejado de escribir. Esa no fue una decisión repentina, sino una rendición ante una batalla imposible de ganar. Desde su juventud, había sido una escritora reconocida, con libros traducidos a varios idiomas y lectores que aguardaban cada nueva publicación con entusiasmo. Ahora, en cambio, pasa los días sentada frente a la ventana, contemplando un horizonte inexistente.

Quizás, muy dentro de sí, las historias aún existan. Puede que sigan agitándose, buscando una salida, como las raíces que empujan la tierra para volver a la luz. Pero su cuerpo, frágil y vencido por los años, ya no responde igual que antes. Sus manos tiemblan, y su mente se desliza entre la niebla en la que las palabras parecen desaparecer.

Su marido acude cada día, sin falta. Se sienta a su lado, le habla con ternura y le toma la mano. Ella lo mira y una chispa de reconocimiento ilumina sus ojos. Entonces, sonríe, aunque no recuerda su nombre ni la historia que compartieron.

—Hoy es un día muy especial —dice él, con voz emocionada—. Hace 55 años me dedicaste tu primer libro... y, desde entonces, nunca nos hemos separado.

Como cada año, un 23 de abril, él le regala una rosa. Ella la toma con un movimiento lento, casi ceremonial, y la acerca a su nariz. Cierra los ojos, inhalando con delicadeza el aroma y, por un instante, parece recordar buenos momentos. Pero, lamentablemente, solo se trata de un espejismo.

—Aunque no puedas decírmelo, sé que aún me quieres —susurra él, sabiendo que quizás sus palabras se pierdan en el laberinto de su mente.

Ella asiente y él se alegra, mientras el sol de abril entra por la ventana, cálido y dorado, como si el tiempo pudiera detenerse solo para ellos. Y en este momento, donde ya no importan la memoria ni los años, la historia de su amor sigue escribiéndose en silencio.


Esteban Fdez.-Rebollos (Abril, 2025)

viernes, 18 de abril de 2025

[ 3' 45'' ] 27 segundos




Lugar: La Gomera. Lunes, 10 de julio de 2023. 23:59 (hora insular)

Un click seco, mecánico y definitivo al pulsar la tecla Enter marcó el inicio de todo.

Desde el gran ventanal de su habitación, en lo alto de San Sebastián, observó cómo las luces comenzaban a apagarse en cadena. Primero, las farolas de la carretera principal. Luego, las pequeñas casas del poblado. Más tarde, el puerto. Todo se sumió en una oscuridad densa, artificial, cuidadosamente provocada. El silencio que acompañó al apagón fue aún más inquietante. No se oyeron motores, ni radios, ni tan siquiera el murmullo de los pájaros.

Durante 27 segundos, La Gomera se convirtió en una isla oculta, desconectada por completo del mundo.

Y él lo había causado con unas pocas líneas de código.

En ese momento, lo vivió como una victoria. Pero cometió dos errores imperdonables para alguien que pretendía permanecer en las sombras. Incomprensiblemente, eligió el día de su decimosexto cumpleaños y su ciudad natal para iniciar su carrera delictiva. Esa nefasta alianza marcaría el comienzo de su persecución.

Al día siguiente, los periódicos hablaron de un fallo técnico en la subestación principal. Un transformador, decían unos. Un cortocircuito, especulaban otros. Nadie, ni siquiera el más paranoico, mencionó la palabra «ciberataque». Aun así, el Centro Nacional de Inteligencia activó sus protocolos de ciberseguridad.

Él supo que lo buscaban por los cambios sutiles en los sistemas, por pequeñas alteraciones en los tiempos de respuesta y, sobre todo, por la aparición de huellas de vigilancia digital. Nuevas direcciones IP intentaban rastrear sus últimos movimientos mientras él dejaba pistas falsas que apuntaban a hackers rusos o israelíes.

Para desviar las sospechas, orquestó una serie de pequeños apagones por todo el archipiélago. Cortes breves, caídas de tensión, todos con explicaciones técnicas plausibles. Tenerife. El Hierro. La Palma. Ninguno conectable con el incidente de La Gomera. Aprendió rápidamente; jamás volvería a ejecutar un ataque tan personal ni tan próximo.

Pero todo tenía un propósito.

Durante los dos años siguientes, construyó su infraestructura desde cero. Un ordenador de última generación, tres monitores, sistemas redundantes, redes cifradas, túneles de acceso encubiertos. Se formó en foros ocultos, devorando manuales prohibidos y siguiendo vulnerabilidades en tiempo real.

Las noches fueron su laboratorio y el teclado, su arma perfecta.

Y entonces, llegó el momento.


Lugar: Deep Web. Lunes, 28 de abril de 2025. 12:33 h (hora peninsular)

Una oleada de comandos se propagó por la red eléctrica nacional y, uno a uno, los nodos fueron cayendo. Desde Galicia hasta Andalucía. Portugal se apagó. El sur de Francia titubeó… y luego, toda España se sumió en la penumbra.

El caos fue inmediato. Pero él no buscaba el caos.

Mientras unas pantallas quedaban negras, otras mostraban gráficas en movimiento. Líneas rojas, verdes, puntos que subían y bajaban. Su verdadero objetivo era el mercado bursátil. Llevaba año y medio adquiriendo acciones en sectores clave como energía, transporte y telecomunicaciones. La caída del sistema haría temblar el IBEX 35.

Y justo antes del colapso, vendió.

No todo. Solo lo necesario. En silencio.

En unos milisegundos, inversores de todo el mundo perdieron apenas unos céntimos por acción. Lo justo para pasar desapercibido. Pero, con la reactivación gradual del sistema, sus algoritmos ejecutaron órdenes precisas. Compraron. Vendieron. Reinvirtieron. En cuestión de minutos, su cartera de bitcoins se infló como una burbuja.

Al día siguiente, los titulares hablaron de un “cero energético” sin precedentes. De tormentas solares. De sabotaje extranjero. Nadie pensó en él. Nadie imaginó que aquel apagón era la cobertura de un robo silencioso. El atraco perfecto.

Y mientras los gobiernos reconstruyen sus redes y debaten nuevos protocolos de ciberdefensa, él ya piensa en su próximo golpe.

Objetivo: Índice Nikkei (Japón)

Fecha prevista: lunes, 12 de junio de 2028


«Y esta vez… no cometeré errores.»

 


Esteban Fdez.-Rebollos (abril, 2025)


viernes, 28 de febrero de 2025

[ 2´ 00" ] Entre Cáncer y Capricornio






A mi gran pasión...

A estas alturas de mi vida ya no busco un amor como el que disfrutamos. Es cierto que veintidós años en común, doce de ellos de matrimonio, dieron para muchos momentos inolvidables y, otros, que no lo fueron tanto.

Los primeros años luchamos por nuestros derechos y, a pesar de toda la polémica generada, logramos casarnos ante sus miradas de desaprobación. Más tarde, un conato de divorcio casi nos arruina la vida; por suerte, fue algo pasajero que solucionamos con una emotiva reconciliación.

Sin embargo, lo peor estaba por llegar. Ese maldito cáncer fue el preludio de años de angustia, momentos de falsas ilusiones y, por supuesto, dolor, demasiado dolor.

Cuando recibimos el diagnóstico no solté tu mano; quise darte ánimos. Durante el postoperatorio me mantuve junto a tu cama. Y tras las sesiones de "quimio", fui yo quien te ayudaba en la ducha y te acostaba. No me arrepiento de nada.

Por suerte, una inesperada tregua durante el tratamiento nos permitió adelantar los viajes que habíamos programado para nuestra jubilación, esa que nunca podremos disfrutar. Curiosamente, esa época la recuerdo con ternura. Todo el cariño que nos dimos compensó con creces las dificultades.

Y cuando lo creíamos superado, una metástasis agresiva resultó ser nuestro "principio del fin".

Te besé por última vez hace seis años, pero tu rostro, frío, no reaccionó al contacto de mis labios. Partiste sin mí un 7 de febrero, tan solo una semana antes de que pudiera entregarte mi regalo. Ese mismo que llevo colgado en mi cuello.

Ahora, en los momentos que siento nostalgia, me consuelo revisando las fotografías de aquellas escapadas. Y cuando llega el aniversario, aún me emociono viendo el vídeo de nuestra "segunda" boda, en Dubrovnik, frente al Adriático.

Hoy te traigo rosas. Te conozco y sé que hubieses preferido algo dulce, pero los bombones no soportan bien estar a la intemperie, además, siempre dijiste que las flores eran como el amor: "Efímeras, pero hermosas mientras duran".

Siempre te querré.

Esteban Fdez.-Rebollos (Febrero, 2025)


- Nota del autor:
Porque el amor no entiende de casi nada; ni género, ni edad, ni riqueza, ni distancia, ...ni mil cosas. Lo dicho, de casi nada.

sábado, 31 de agosto de 2024

[ 3´ 20´´] No todas somos iguales - Serie Maine (IX)




Cuando el proyectil impactó en su chaleco de Kevlar, sintió como si le arrancaran las entrañas. Su siguiente pensamiento fue lo vulnerable que se sentía, así, tendida en el suelo. Y luego, luego todo se volvió negro.

<<<<<>>>>>


-Necesitamos un agente de refuerzo y nos envían a una secretaria -se escuchó decir desde la esquina más lejana.

El sheriff Raymon Stalker, con la solicitud de personal en la mano, comenzó a leer:

Allison Harper, 42 años, exmarine condecorada, agente de policía en Providence, Rhode Island, durante los últimos doce años. Solicitó el traslado voluntario tras agredir a un superior.

-¡Menudo marimacho! -interrumpió la voz.

-Si puedo elegir, siempre escogeré a quien mejor me cubra las espaldas y eso lo hacía muy bien mi hermana -respondió Dawson, revolviendo su café.

El sheriff sabía desde hacía dos meses que el nuevo refuerzo sería una mujer. Él mismo había seleccionado a la candidata ideal para una comisaría como la de Bangor. Si la nueva ley estatal obligaba a tener, al menos, una mujer en plantilla, debía ser tan eficiente como el resto de los ayudantes.

-Buenos días, soy Allison Harper. ¿El sheriff Raymon Stalker, por favor? -esas fueron sus primeras palabras al entrar en la comisaría.

El mal humor de los ayudantes del sheriff se disipó en cuanto Harper entró por la puerta, pues todas las miradas se centraron en ella.

El ayudante Paul Wesley acompañó a Harper hasta la oficina del sheriff. Allí, Raymon y Allison conversaron durante más de veinte minutos.

-Os presento a la agente Harper, Allison Harper. Se incorpora hoy como refuerzo y creo que será un miembro valioso para nuestra plantilla -anunció el sheriff, invitándola a hablar con un gesto.

-Buenos días, como ha dicho el sheriff Stalker, vengo a ser una más del grupo y ayudar en todo lo posible. No soy una novata pero como cada comisaría tiene su forma de trabajar, solo espero que me echéis una mano hasta que me ponga al día. Muchas gracias. Si tenéis alguna pregunta...

Un silencio sepulcral se instaló en la sala hasta que Wesley se atrevió a preguntar:

-¿Por qué solicitaste el traslado?

-Veo que las noticias vuelan. Digamos que mi jefe y yo tuvimos algo más que palabras pero, no os preocupéis, cuando tengamos más confianza, os dejaré leer el informe completo.

Las dos semanas siguientes a su incorporación fueron inusualmente tranquilas. Harper se ocupó de organizar montañas de papeleo y, de vez en cuando, patrullar por las calles de una ciudad casi vacía.

-¿Esto siempre está tan tranquilo? Me hace falta algo de acción.

-No te preocupes. En cuanto pase esta ola de calor, todo volverá a la normalidad.

Y así fue, a principios de Septiembre, los avisos aumentaron exponencialmente. Una actividad febril se apoderó de la ciudad, aunque nada fuera de lo común.

Efectivamente, la tranquilidad de Harper terminó una noche de sábado. Un aviso por intento de allanamiento en uno de los barrios más lujosos de Bangor la llevó a una persecución hasta las afueras de la ciudad. Un robo frustrado por las alarmas de una mansión se convirtió en una peligrosa cacería.

Dos enmascarados, con armas automáticas, disparaban a discreción sobre el coche patrulla del ayudante Paul Wesley. El vehículo recibía una lluvia de balas y, sin poder hacer nada más, Wesley se acurrucó en su asiento, consciente de que su refugio no le protegería por mucho tiempo.

Por suerte, momentos después, Harper llegó en el todoterreno que solía conducir el sheriff. Bajó del vehículo y, con su arma reglamentaria, disparó certeramente al ladrón que aún permanecía en su coche. Mientras tanto, el segundo hombre se acercó al coche de Wesley y, apuntándole a la cabeza, se preparó para disparar. En un rápido movimiento, Harper se interpuso en el camino del proyectil justo cuando ella le disparó en la cara. El ladrón cayó como un saco de patatas, estrellando lo que quedaba de su cabeza contra el barro del camino.

Harper sintió un fuerte impacto, una quemazón en el pecho y su respiración se cortó. En un instante, su mente la llevó al recuerdo de las imágenes de televisión donde el cuerpo de un policía de Rhode Island yacía bajo una manta. Su padre había fallecido en un tiroteo similar, quince años atrás. Sus piernas se doblaron, apoyándose contra la puerta del coche patrulla a modo de escudo. Luego, todo se volvió negro.

<<<<<>>>>>

En su primera intervención, Harper salvó la vida de un compañero y recibió un disparo a quemarropa que le fracturó varias costillas. Nada que unos días de reposo no curasen.

Cuando Harper se reincorporó al trabajo, todos aplaudieron su valentía en un improvisado acto de bienvenida. Una fotografía colgada en la pared de la comisaría mostraba un cordial abrazo entre Harper y Wesley. Ella le había salvado la vida, pero él no sabía cómo recompensárselo. De todos modos, ya encontraría la manera.

Una vez más, los logros de los ayudantes aparecerían en los noticiarios de la ciudad. Una condecoración, una paga extra y la promesa de unos días de vacaciones serían la recompensa por arriesgar sus vidas.

Mientras tanto, el informe sobre el verdadero motivo del traslado aún permanece, bajo llave, en el escritorio del sheriff. Después de ese fin de semana, nadie volvió a ver a la agente Harper como a una "secretaria".


Esteban Rebollos (Agosto, 2024



Volver al "Índice de relatos".

Volver a la "Página principal".

miércoles, 14 de agosto de 2024

[ 2' 05'' ] La sombra del odio




Mi madre no me creyó cuando le dije que no había roto su fotografía favorita, esa que colgaba en el salón desde antes de que yo naciera. Era una imagen en blanco y negro de sus padres, una reliquia familiar. Tampoco me creyó el día que todas las piezas de la vajilla de porcelana se hicieron añicos, como si un mazo invisible la hubiera golpeado con furia.

El día que la lámpara del salón apareció estampada sobre la mesa de cristal, recibí una paliza. Mi madre estaba enfurecida y sus gritos resonaron por toda la casa, mostrando su rabia e impotencia. Le juré que no había sido yo, ni sabía cómo había ocurrido. Lo negué una y otra vez pero sus ojos sólo reflejaron odio. Aquellos sucesos siempre ocurrieron cuando yo no estaba presente pero, aún así, mis padres nunca me creyeron.

Cuando cumplí la mayoría de edad, mi madre me dijo que ya no tenía obligación de darme cobijo, que debía irme de casa porque no soportaba mis poderes. La palabra "poderes" cayó en medio de su discurso como una losa. Pero esa palabra, pronunciada con esa mezcla de miedo y repugnancia, me hizo entender que lo que ocurría no era casualidad. Hasta entonces, consideraba aquellas manifestaciones como accidentes inexplicables. Fue entonces cuando comprendí que poseía una extraña fuerza en mi interior, algo oscuro y poderoso que estaba empezando a tomar forma.

Finalmente, descubrí que yo mismo, de forma involuntaria, había generado aquellos primeros sucesos de telequinesis. Mi ira desbordada, mis miedos y emociones fueron la respuesta a los maltratos sufridos desde mi niñez. Toda esa fuerza puso en marcha un poder que aún no entendía y no sabía canalizar. Con el tiempo, aprendí a ser consciente de mis actos y dominar esa energía.

Unos años más tarde, recibí la noticia de que mi padre había muerto. En ese momento, me encontraba fuera del país y no pude llegar a tiempo para asistir a su funeral. Mi padre había sido asesinado mientras dormía. Tenía un cuchillo de cocina clavado en el pecho, las sábanas estaban ensangrentadas y los muebles de la habitación se encontraban desordenados. Días después, mi madre fue acusada de su asesinato. Aunque no había testigos y se declaró inocente, las pruebas en su contra fueron abrumadoras.

Yo sabía que ella no lo había hecho, pero aún así, dejé que el proceso siguiera su curso. El odio y el resentimiento comenzaron a germinar dentro de mí. Me había echado de casa y culpado de todos aquellos sucesos inexplicables. Me había dado la espalda, precisamente, cuando más la necesitaba. Si yo había sufrido por razones que no comprendía, ahora ella sufriría por motivos que tampoco podría explicar. Desde la distancia manipulé los objetos necesarios para crear una escena del crimen incriminatoria. Ahí comenzó mi venganza.

Durante su estancia en la cárcel, los guardias hablaban en voz baja sobre los extraños sucesos que ocurrían en la celda de mi madre y los rumores pronto comenzaron a propagarse entre las reclusas. Al principio, se trataba de cosas pequeñas: objetos que se movían solos, susurros en la oscuridad y sombras que parecían danzar en las paredes. Cada noche me concentraba para que mi poder fluyera, infiltrándome en su mente, convenciéndola de que era culpable y que su destino estaba irremediablemente escrito.

Llegó un momento en el que mi madre se encontraba aterrorizada y, por fin, logré volverla loca. Una noche comenzó a gritar, a arrancarse los cabellos y arañar las paredes hasta sangrar. Los médicos dijeron que había sufrido una crisis nerviosa debido al estrés de la cárcel y, sobre todo, al sentimiento de culpa. Pero sólo yo sabía la verdad.

Y entonces, un día, sucedió. Los guardias la encontraron colgada en su celda. Su cuerpo menudo se balanceaba suavemente mientras la sábana crujía bajo su peso. Aunque las investigaciones concluyeron que se trataba de un suicidio, el cuerpo de mi madre pendía a una altura imposible de alcanzar sin ayuda. Las cámaras de seguridad mostraron que la puerta de su celda se mantuvo cerrada desde que entró tras la cena. Confieso que la maté desde la distancia, guiando la sábana alrededor de su cuello, apretando hasta que cesó su respiración y el silencio inundó la celda.

El mundo jamás entenderá lo que realmente ocurrió. Hablarán de fantasmas, de maldiciones, de locura. Buscarán explicaciones en lugares equivocados, sin saber que todo fue obra de un hijo abandonado, de un corazón lleno de odio y un poder que se alimentaba de la desesperación. Nadie puede entender lo complicada que es la mente humana.

<<<<<<>>>>>>


"No necesito que me creas, ni busco tu aprobación. Solo necesito tu miedo."


Esteban Rebollos (Agosto, 2024)

sábado, 20 de abril de 2024

[ 4' 30'' ] El dibujante



En lo profundo de la noche, cuando las estrellas tejen su manto sobre el firmamento, Andrea se sumerge en un mundo de trazos y sombras. Desde su infancia ha sido un soñador que encuentra en el papel la manera de plasmar las historias que bullen en su mente. Mientras los lápices se convierten en una extensión de sus manos, las hojas en blanco son territorios esperando ser poblados por sus creaciones.

Repleto de tintas, acuarelas, hojas de papel y lápices de todas las durezas imaginables, su estudio se convierte en un santuario de creación. Andrea se enclaustra en este refugio rodeado de herramientas de arte, materiales imprescindibles para dar vida a sus mundos de fantasía.

El último encargo, repleto de nuevos personajes, marca un punto de inflexión en su vida. Es la oportunidad de su carrera, la posibilidad de ver su nombre en la portada de un cómic de prestigio internacional. Sin embargo, un plazo de entrega tan ajustado viene acompañado de una presión abrumadora, sumiendo a Andrea en un torbellino de insomnio y ansiedad.

<<<<<<< >>>>>>>

La noche antes de la entrega, el agotamiento finalmente le vence. Inmerso en un sueño profundo, sus personajes cobran vida en su mente. Hablan con él y, con tono amenazante, le gritan al unísono:

          —¡Déjanos salir! 

Andrea se despierta alterado y, en un ataque de pánico y frenesí descontrolado, rompe la mitad de sus dibujos. Con el corazón aún palpitante, reorganiza los restantes bocetos, modifica los textos de las viñetas y se obliga a volver a la cama. Pero al despertar, el arrepentimiento le invade. ¡Qué demonios había hecho! ¿Por qué había destruido su trabajo? Aunque duda si entregar el proyecto, finalmente decide presentar lo poco que le queda.

En contra de lo esperado, los editores elogian su estilo, la profundidad de sus personajes y la calidad de su técnica. Y, por supuesto, deciden ampliar el plazo de entrega.

Pero no todo podían ser buenas noticias pues algo extraño estaba ocurriendo en su estudio. Por las noches las viñetas desaparecían misteriosamente, los bocetos se desvanecían en la oscuridad y sus lápices de colores aparecían rotos dentro de sus cajas.

Aunque el dibujante atribuyó los extraños sucesos a su propio agotamiento, pronto descubrió que algunos personajes habían salido de las páginas del cómic y se habían adueñado del estudio.

Viendo que los nuevos compañeros no estaban dispuestos a calmarse, decidió buscar ayuda profesional. Para ello, recurrió a psicólogos y médiums con la esperanza de encontrar una explicación plausible. Pero las respuestas recibidas sembraron más confusión en su mente. Los primeros sugirieron que estaba experimentando alucinaciones inducidas por el estrés, mientras que los segundos insinuaron que el dibujante había abierto un portal entre el mundo de la ficción y la realidad.

Afortunadamente, durante un breve descanso, soñó con un sabio anciano que le desveló el secreto para restaurar el equilibrio. Andrea tomó sus lápices y, con determinación, se dibujó como un personaje más de sus propias historias. Allí, entre las páginas, se enfrentó a sus demonios, luchando contra las criaturas que él mismo había creado. Aquella fue una batalla épica, una lucha entre la realidad y la ficción, entre el artista y su obra.

Finalmente, Andrea se había enfrentado a sus miedos, consiguiendo recuperar la armonía. Y aunque sabía que la lucha nunca terminaría, mientras tuviera sus lápices en la mano y más historias en su corazón estaría listo para enfrentarse a cualquier desafío.

<<<<<<< >>>>>>>

Meses después, durante una fría noche de invierno, Andrea sintió una presencia moviéndose sigilosamente a su espalda. Con el corazón latiendo con fuerza, se volvió hacia la figura y lo que vio lo dejó sin aliento. Frente a él estaba uno de los personajes más oscuros y retorcidos, surgido de su propia imaginación. Su mirada ardía con una intensidad feroz y sus labios, curvados en una sonrisa siniestra, revelaban su verdadera naturaleza.

          —¿Qué haces aquí? — preguntó Andrea.

Con cada paso, el personaje se acercaba más a él y, aunque el dibujante retrocedía, muy pronto se dio cuenta que no tenía escapatoria.

          —¡He venido a reclamar lo que es mío! —dijo el monstruo, con voz ronca.

Al final, resignado, el artista cerró los ojos y se dejó llevar por la oscuridad.

Ahora, una última viñeta descansa sobre la mesa como recuerdo de quién fue Andrea Parissi.

Esteban Rebollos (Abril, 2024)

Dedicado a mi amigo Andrea Parissi. Dibujante, ilustrador y persona excepcional.


sábado, 24 de febrero de 2024

[ 3' 10'' ] De vuelta a casa


Elisa estaba desesperada buscando frenéticamente a su hija Leonor. Sus gritos resonaban en el tranquilo parque infantil, sin embargo, las miradas curiosas de las otras madres no se traducían en ayuda; por el contrario, todas se alejaban apresuradamente llevando a sus hijos en brazos, dejando a Elisa sola en su angustia.

**********

A sus 70 años, Elisa lucha a diario contra los estragos del Alzheimer. Sentada en un apartado banco, los sonidos de risas infantiles y el susurro del viento se fusionan en su mente, alimentando la creencia de que Leonor está jugando con el resto de los niños. Más tarde, al mirar a su alrededor, no logra ver a la pequeña y es, entonces, cuando el nerviosismo se apodera de ella y las lágrimas emergen en sus ojos cansados. Cada minuto sin encontrar a su hija le parece una eternidad. "¿Y si algo terrible le ha pasado?", "¿Y si nunca más la vuelvo a ver?", preguntas que le atormentan mientras busca entre columpios y toboganes. Poco después comprueba que el parque se encuentra vacío.

De repente, una voz cálida y familiar le saca de su tormento. "Elisa, ¿estás bien?". Marta, su amiga, siempre sabe dónde encontrarla. Con una sonrisa gentil, Marta se acerca a ella y le ofrece su mano arrugada. "¿Puedo ayudarte?". Elisa solloza de alivio y le agarra de la mano con fuerza. "Estoy buscando a Leonor. Hace un buen rato que no la veo. No puedo encontrarla". Marta la envuelve en un abrazo reconfortante y la mira con ternura. "Oh, querida Elisa. ¿Recuerdas lo que hemos hablado? Leonor está con su padre, ¿te acuerdas?". Los ojos de Elisa expresan desconcierto mientras la realidad se abre paso a través de su confusión. Asiente, tratando de asimilar las palabras de su amiga y parece recordar. "Sí, sí... Leonor está con su padre... en casa". Marta le sonríe cariñosamente e, invitándola a caminar, le dice: "Vamos, te llevaré. Todo está bien".

Juntas dejan el parque y de regreso al hogar, Elisa se aferra a su amiga, agradecida por su compañía y apoyo. Durante ese breve paseo, la tranquila conversación hace que la inquietud de Elisa se desvanezca entre la bruma de su mente. Ya en casa, se acerca a una foto enmarcada sobre la mesa de la entrada y la besa. Es una imagen de Leonor, sonriendo, mientras juega en el mismo parque infantil que acaban de dejar atrás. Una lágrima rueda por su mejilla, pero esta vez se debe a los preciosos momentos que aún puede recordar. Con delicadeza, Marta le prepara un té caliente. Elisa se aferra a la taza con sus manos temblorosas, sintiendo una mezcla de alivio y tristeza por la confusión que acaba de experimentar.

Poco después, Elisa se relaja gracias a la familiaridad de las palabras de Marta y, sobre todo, encontrando consuelo en su presencia. Cuando el día llega a su fin, Elisa se sumerge en su pasatiempo favorito: la pintura. Marta la observa con admiración, maravillándose de la creatividad que aún reside en su amiga. Mientras Elisa se concentra en su arte, dibuja con trazos cuidadosos y colores vibrantes, plasmando un mundo de belleza y serenidad en el lienzo. Cada pincelada le permite escapar momentáneamente de la sombra del Alzheimer que amenaza con consumirla. Desde hace muchos años, ambas comparten casa, historias y recuerdos, encontrando mutuo consuelo y compañía. Por suerte, Elisa ha borrado de su mente el accidente en el que su marido y la pequeña Leonor perdieron la vida.

**********

Ahora, en la tranquilidad de su hogar, Elisa sigue adelante con valentía y determinación, encontrando belleza en cada pincelada de su viaje, sabiendo que gracias a Marta nunca se perderá de vuelta a casa.


Esteban Rebollos (Febrero, 2024)



domingo, 18 de febrero de 2024

[ 3' 00'' ] El piano


- Acepto todas las condiciones, excepto una.

¡Ella nunca tocará el piano del gran salón!

Esa es mi última palabra.

<<<<<>>>>>

Kingston, Inglaterra, 1927

Tras la muerte de mi esposa, hace cuatro años, los días como compositor quedaron en el olvido y, desde entonces, me encuentro inmerso en una decadencia absoluta. El piano se convirtió en el único testigo de mi duelo y en él me cobijo para recordar su presencia. En realidad, todo en esta casa me recuerda a ella.

Cuando los demonios se apoderan de mi mente y no puedo dormir, la angustia me atormenta. Entonces, me dirijo al gran salón y, tan solo con pasar las puertas de cristal, me adentro en un mundo mágico. En ese refugio dejo que mis dedos bailen libremente sobre las teclas e interpreten viejas melodías. Solo la luz del alba hace que me enfrente a la realidad y regrese a un estado de melancolía permanente.

Los días de gloria, en los que componía para la realeza, son ya un recuerdo y, desde el accidente, no he creado ninguna obra. Por suerte, aún me mantengo gracias a la herencia que dejó mi esposa y a los escasos conciertos que interpreto como solista.

Mi vida de ermitaño alimenta los rumores sobre mi encierro y, las pocas veces que visito la ciudad, siento como los lugareños murmuran a mis espaldas sobre la verdadera causa de la muerte de mi esposa.

<<<<<>>>>>

Por sorpresa, una llamada rompió el silencio de mi letargo. Un amigo, conocedor de mis penurias, me ofreció la oportunidad de volver a impartir clases. Ante su insistencia, acepté sabiendo que necesitaba un giro en mi vida. El acuerdo fue sencillo: unos ingresos semanales a cambio de habitación y lecciones de piano.

Una horda de limpiadoras y dos semanas de frenética actividad transformaron mi cárcel en un refugio acogedor. Las habitaciones, lugares sombríos, se abrieron para ser inundadas por el aire fresco de la campiña; incluso, algún osado deshollinador trepó al tejado para limpiar las numerosas chimeneas que se vislumbran desde Hamilton Avenue.

A las seis de la tarde, el taxi llegó puntualmente. De él se bajó una mujer, por suerte, algo mayor de lo que esperaba. Al verla, mi corazón dio un vuelco por su parecido con mi esposa y, por primera vez en años, volví a sonreír. Creo que la llegada de Amanda, mi nueva alumna, fue el punto de inflexión que tanto necesitaba.

Tras una breve pero cordial presentación, le mostré cada rincón de la mansión y la acompañé por los jardines hasta la pequeña casa de invitados, ahora reconvertida en aula de música. Amanda encontró todo a su gusto, incluso el viejo piano que utilizaríamos para las clases.

Más tarde, durante la cena, comenté con ella la única restricción de nuestro acuerdo: la entrada en el gran salón. Amanda comprendió que se trataba de un tributo a la memoria de mi esposa, aceptó mi dolor y en sus ojos encontré un destello de complicidad que alivió el peso de mi carga.

Desde su llegada, los días se sucedieron con alegría. Las mañanas cobraron vida con las clases de piano, convirtiéndose en un momento único y esperado. Su amabilidad, su risa y, especialmente, su ternura iluminaron cada rincón. Por las tardes, explorábamos los magníficos paisajes que nos rodeaban, desde los viejos rincones de Londres hasta las apacibles playas de Brighton.

Después de dos meses, mis sentimientos hacia Amanda experimentaron un profundo cambio, lo que me llevó a abrir las puertas del gran salón e invitarla a tocar. Al verla frente al piano, supe que nuestra vida sería perfecta si estuviéramos juntos.

Tras la boda, por fin, hallé la paz. Tras su muerte, la recompensa ha sido mejor. La alegría y la pasión por la música brotaron en mí de una forma desconocida; ahora, las notas fluyen con facilidad de mis manos y, en ocasiones, me sorprendo tarareando nuevas melodías.

Con Amanda encontré la fuerza, la inspiración y, sobre todo, la riqueza que tanto deseaba.

<<<<<>>>>>

¡Mi próxima esposa también será mucho mayor que yo!

Esteban Rebollos (Febrero, 2024)


viernes, 16 de febrero de 2024

[ 2' 10'' ] Estirpe

Resumen del primer capítulo, "Bajo la tormenta":

Valeria, una criatura insaciable de sangre, se ve obligada a tomar la difícil decisión de abandonar a su amado y escapar en tren. Sin embargo, durante el viaje, una tormenta de nieve impide el avance de la máquina, quedando atrapada en el último vagón. Bajo el resplandor de la luna llena, su sed de sangre se intensifica, desencadenando un cambio en su cuerpo que la vuelve más seductora pero también más letal. La tormenta se convierte en el preludio de una masacre en el tren, donde Valeria acaba con la vida de veintiséis pasajeros. Tras varios días deambulando por el bosque, cuando llega a la ciudad descubre que dentro de ella crece una nueva vida.

E.R. (Octubre, 2016)

<<<<<<<<>>>>>>>>

El hallazgo de los cuerpos en el tren dejó a todo el país desconcertado, convirtiendo este macabro suceso en un asunto de seguridad nacional. La intensa búsqueda de un licántropo movilizó al ejército y sembró la desconfianza entre la población.

Consciente de ser una fugitiva, pronto encontró un refugio para evitar el contacto con los humanos. Sin embargo, su imperiosa necesidad de sangre la obligó a salir cada noche, lo que la hizo sentirse culpable al poner en riesgo la vida del bebé que crecía en su interior.

El embarazo resultó ser una experiencia agridulce. Si bien sentía orgullo por su futura maternidad, sabía que la maldición de la inmortalidad y la eterna juventud marcarían la vida de la pequeña. Así fue como Valeria trajo al mundo a su hija en una noche de luna llena, sin duda, un augurio de buena suerte para su linaje.

Valeria eligió el nombre de su hija por la profunda conexión con la historia de su familia. Samantha era el nombre de su abuela, una persona con fuerza, sabiduría y, sobre todo, perseverancia, cualidades que su hija necesitaría a lo largo de su vida.

La primera vez que Valeria sostuvo a Samantha en brazos, llevó a cabo una ceremonia de iniciación. Utilizando la misma daga con la que había cortado el cordón umbilical, realizó una ligera incisión justo por encima de su pezón. De su pecho brotó la sangre con la que amamantó a la pequeña y, a través de este rito, se aseguró que la niña portara la estirpe de su familia en las venas.

Tras el parto, Valeria permaneció en casa varios días para reponer fuerzas y amamantar a su hija. Por desgracia, la necesidad de una alimentación basada en leche materna y sangre caliente, la obligó a salir de cacería mientras dejaba a su hija bien resguardada en su cunita. Este dilema añadió otro motivo de culpa a su ya complicada situación.

Meses después, por fin decidió llevarla consigo, envuelta en una manta y asegurada a su cuerpo. En ocasiones, la sangre de la presa salpicaba el rostro de Samantha y esta la lamía con satisfacción. Valeria le enseñó los secretos de la caza y le transmitió todos sus conocimientos. Al igual que los cachorros aprenden jugando con la manada, la niña aprendía junto a su madre.

Valeria se esforzó para que la pequeña estudiase en prestigiosos colegios, asegurándose de que creciese en un entorno de normalidad. Por su parte, Samantha logró pasar desapercibida entre sus compañeras, manteniendo celosamente su secreto a salvo.

A los catorce años, Samantha experimentó la misma transformación que había sufrido su madre en la pubertad. En ese momento su cuerpo reclamó su primera presa en solitario. Necesitaba conseguir sangre por ella misma y, gracias a lo aprendido, demostró ser una experta cazadora.

Samantha, a pesar de su corta edad, también sintió una mezcla de emociones. La adrenalina de la persecución y la satisfacción por la sangre despertaron su naturaleza salvaje; sin embargo, no pudo evitar cierta empatía por las criaturas a las que arrebató la vida.

Tras su primera cacería, Samantha regresó malherida y agotada. En ese momento comprendió que la verdadera intención de su madre no había sido enseñarla a cazar, sino prepararla para el día en el que ella misma se convirtiera en la presa.

<<<<<<<<>>>>>>>>

¡Y ese día..., finalmente llegó!

Poco después, Samantha tuvo que defenderse frente a los de su misma especie. Lo que Valeria no sabía era que su hija también había heredado la determinación de sobrevivir a cualquier precio, incluso si eso significaba enfrentarse a su propia madre.


Esteban Rebollos (Febrero, 2024)