viernes, 15 de marzo de 2019

Confieso que te he sido infiel


Desde hace unos meses, miro a otras, paso el tiempo con ellas, pero créeme, sigo pensando en ti. No es tu culpa, ni mis gustos han cambiado, ni tampoco quiero hacerte daño.  Quizás, ahora, necesite probar nuevas experiencias.

Siento reconocer que te he sido infiel y no creas que intento justificarme pero las circunstancias que nos rodean han facilitado este desliz.

Han sido muchas y, sinceramente, no recuerdo todos sus nombres, ni tampoco recuerdo dónde las conocí.

Cada noche te miro, tan cerca de mí, esperando obtener mi atención y, poco antes de dormir, prometo que mañana será distinto, que encontraré tiempo para estar contigo.

Perdóname, desde hace meses no hago otra cosa que ver series.

Te he sido infiel con "Peaky blinders", "Mindhunter", "True detective", "Breaking bad", "Luther", "Broadchurch", "La casa de papel", "El puente" y un largo etcétera. 

Si me lo permites volveré a ti para tenerte en mis manos, pasar tus hojas, leer tus capítulos, en fin, vivir lo que tu vives y sentir lo que tu sientes. 

Mañana será distinto, lo prometo.

Esteban Rebollos (Marzo, 2019)



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Algunas series vistas (por orden alfabético ...para no perderse) - Actualización Diciembre 2023

- 1883

- 1923

- Atrapados

- Black mirror

- Breaking bad

- Blacklist

- Broadchurch

- Chernobyl

- Cobra Kai

- Collateral

- Cómo defender a un asesino

- Creedme

- Doctor Foster

- El abogado del Lincoln

- El alienista

- Elementary

- El cuento de la criada

- El embarcadero

- El hombre en el castillo

- Élite

- El juego del calamar

- El puente

- El marginal

- Gambito de Dama

- Ghost wars

- Hanna

- Happy valley

- Hermanos de sangre

- Homeland

- Jack Ryan

- Killing Eve

- La casa de papel

- La mantis

- La víctima número 8

- Lupin

- Luther

- Making a murderer

- Manhunt: Unabomber

- Manifest

- Mar de plástico

- Mare od Easttown

- Marginal

- Mindhunter

- Mr. Mercedes

- Mr. Robot

- Ozark

- Paranoic

- Peaky blinders

- Poker face

- ¿Quién es Anna?

- River

- Sense 8

- Sherlock

- Sucesor designado

- Stranger Things

- Taboo

- The Bletchley circle

- The end of the f***ing world

- The Frankenstein chronicles

- The old man

- The rookie

- The sinner

- True detective

- Tulsa king

- Vikingos

- Westworld

- Yelowstone

- You

- Zona fronteriza


viernes, 18 de mayo de 2018

Susana Rodríguez Lezaun




Serendipia: Descubrimiento o hallazgo afortunado, valioso e inesperado que se produce de manera accidental o casual, principalmente, cuando se está buscando una cosa distinta.


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A veces, sin buscarla, la fortuna se cruza en tu camino. Desde hace algunos años, cansado de leer mediocres "best-sellers" de escritores archiconocidos decidí dar un cambio a mis hábitos de lectura, dar una oportunidad a autores noveles o cuyos nombres no destacan por cuestiones de "marketing" pero cuyos argumentos triunfan por sí mismos. Así descubrí interesantes autores como Joël Dicker (La verdad sobre el caso Harry Quebert), Shannon Kirk (El método 15/33), Karin Slaughter (Flóres cortadas), Robert Bryndza (Te veré bajo el hielo) o Manel Loureiro (El último pasajero), por nombrar sólo algunos pocos.

Un buen día decidí buscar una novela por su argumento en vez de por su título o autor; con la ayuda de Google, mi búsqueda se centró los términos "Asesino en serie en el Camino de Santiago" y, como resultado, obtuve múltiples reseñas sobre el primer libro de la autora que hoy os quiero presentar:
Susana Rodríguez Lezaun, periodista, escritora y actual directora del festival "Pamplona Negra" (un "alter ego" de nuestra "Semana Negra" de Gijón), creadora de una saga cuyos protagonistas son Irene Ochoa, una mujer maltratada y el inspector David Vázquez, encargado de investigar, entre otros casos, la muerte "accidental" del marido de Irene.

La saga consta actualmente de tres libros: "Sin retorno" (2015), "Deudas del frío" (2017) y, el recientemente publicado, "Te veré esta noche" (2018). Hablo de saga y no de trilogía, ya que me consta que el cuarto se está "fraguando" en la mente de la escritora. Aunque cada uno de los libros desarrolla un caso policial en donde el inspector Vázquez y su equipo son los encargados de resolverlo, existe una línea argumental basada en la tormentosa relación entre Irene y David.

Tras este post, creo que no es necesario indicar que os recomiendo cada uno de los libros anteriormente mencionados, ahora bien, aunque se pueden leer todos ellos de forma independiente, soy partidario de seguir el orden cronológico para no perder ningún detalle.

¡Zorionak, Susana!



Título: "Te veré esta noche"
Autora: Susana Rodríguez Lezaun
Editorial: DeBolsillo
ISBN: 9788466343657
Nº de páginas: 413


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sábado, 20 de enero de 2018

[ 5' 50'' ] Informe Malena: Caso cerrado


Releyó el informe que él mismo había escrito, corrigió algunos errores tipográficos y tras repasar cuidadosamente los dos últimos párrafos decidió eliminarlos. En ellos, desvelaba información que aún debía mantener en secreto, datos que utilizaría como señuelo para conseguir ese puesto que tanto deseaba en la CIA.

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Al pasar bajo el arco de seguridad presintió que, a partir de ese instante, su vida cambiaría. Estaba en lo cierto. Le entregaron una credencial en la que se podía leer "Daniel Jacobs - Agente en prácticas", la cual colgó, con orgullo, de la solapa de su chaqueta.

Una joven secretaria le acompañó hasta la sala de espera del segundo piso. Allí, Daniel se acomodó en el sillón situado frente a la puerta del despacho, colocó su portafolios sobre una pequeña mesa de cristal y escudriñó cada rincón en busca de alguna cámara de seguridad. Por suerte, no encontró nada que le hiciera suponer que estaba siendo observado; odiaba sentirse acosado por cámaras de vigilancia.

-Señor Jacobs... mi nombre es James Carter, director del Departamento de Análisis de Perfiles Psicológicos -oyó decir al hombre rechoncho que llegaba por el pasillo a paso ligero, medio jadeando, en mangas de camisa y con un vaso de café en cada mano.

-Por favor, pase y siéntese. ¿Le apetece un café? -sin esperar la respuesta, el director posó uno de los vasos frente a Daniel, dejó caer unos azucarillos sobre la mesa y fue a sentarse en su butaca de piel, diciendo, -Lo tomo solo. El azúcar y la leche matan, bueno, ...la cafeína también mata. ¡De algo hay que morir! -esbozó una sonrisa y empezó a remover su café de manera obsesiva.

La tesis que Daniel Jacobs presentó para su doctorado consistía en un novedoso procedimiento de localización de personas desaparecidas. Desarrolló un algoritmo de Inteligencia Artificial para encontrar patrones capaces de rastrear conductas personales. El éxito en el ámbito universitario llegó cuando la revista "Science" publicó un artículo de su nuevo método de afrontar la investigación criminal, en cambio, el reconocimiento social lo obtuvo cuando la policía, con la única ayuda del "algoritmo" de Jacobs, rescató tres niños que habían sido raptados.

A pesar de que varias agencias gubernamentales estaban interesadas en sus servicios, solo la CIA había adquirido los derechos para el uso del programa. El Departamento de Análisis Antiterrorista había implementado el algoritmo para la localización, seguimiento y, posterior, detención de terroristas, delincuentes y espías a nivel mundial. Con el fin de comprobar las mejoras realizadas en el programa, se encargó al propio Daniel un minucioso informe sobre las actividades de "Malena", la espía rusa Masha Kuznetsova, una identidad ficticia creada por la CIA para el adiestramiento de sus agentes en materia de contraespionaje. Para ello, pusieron a su disposición todos los recursos de los que disponía la Agencia.

-Señor Carter, quiero mostrarle el informe que me encargaron -dijo Jacobs mientras sacaba algunos papeles de su portafolios.

-Sí, yo mismo lo solicité. ¿Qué información ha obtenido? -dijo el director, ávido por conocer los resultados.

-Señor Carter, aquí tiene el informe pero permítame que le haga un resumen -le dijo. El director no se molestó ni tan siquiera en consultar las más de cien páginas que Jacobs le había dejado sobre la mesa. La historia de la espía no le era nueva, de hecho, él había sido uno de los impulsores del programa de entrenamiento de nuevos agentes. Carter asintió y miró al joven a la espera de sus explicaciones.

-Masha Kuznetsova, nacida en 1981 en un pequeño pueblo cerca de Odessa, Ucrania. Padre militar, de origen ruso, y madre ucraniana, trabajadora en una fábrica de automóviles. Masha estudió en su pueblo natal donde destacó, sobre todo, por su excelente memoria visual.

Al terminar el primer ciclo, es llevada a Kiev a una escuela para alumnos de "altas capacidades"; allí potencian también su destreza en otras materias. En 1995, con tan sólo catorce años, la trasladan a Moscú donde se le pierde la pista hasta que siete años después reaparece como traductora en la Embajada de Rusia en Berlín.

-Efectivamente, es ahí donde comienza su carrera como espía. Prosiga, por favor.

-A partir de 2004, utiliza su trabajo en distintos consulados de Europa como tapadera para extender una gran red de espionaje. Posteriormente, es enviada a América Latina, donde desempeña labores de asesoramiento al gobierno de Venezuela, lo que culmina con la compra de equipamiento militar a Rusia por más de 2000 millones de dólares. Tras esto, reside además en Guatemala, Brasil y Argentina.

-Perdone... -interrumpió nuevamente el director -¿Sabe por qué la llaman "Malena"?

-Sí, claro. En Buenos Aires, mientras trabaja infiltrada en un grupo fascista, recibe la orden de asesinar a sus cinco componentes. En el plazo de dos días, sus cadáveres aparecen repartidos por toda la ciudad; fue entonces cuando recibe el alias de "Malena, la asesina rusa". A partir de ahí, se vuelve más violenta, participa en numerosos atentados y se le relaciona, al menos, con once muertes. Veinte meses después, se traslada a México en donde es captada por la CIA.

Tras su deserción del Departamento de Inteligencia Ruso, antigua KGB, pasó a cooperar con el gobierno estadounidense en el desmantelamiento de varios cárteles que operaban en la frontera. Tras ese trabajo cambia de identidad y, a partir de principios de 2011, se pierde todo rastro.

-¡De alguna manera había que recompensar los favores prestados! -exclamó Daniel.

-Desde entonces no se tiene constancia de que haya participado en actividades delictivas en Estados Unidos.
Fin del informe.

-Excelente trabajo, señor Jacobs.
¡Todo esto en apenas una semana!
Un equipo de seis personas hubiera tardado tres meses en obtener estos mismos resultados. Su procedimiento es asombroso. ¡Necesitamos agentes como usted en nuestra organización! -El director se puso en pie, extendió su mano para saludarle y, así, dar por finalizada la reunión.

Daniel recordó los dos párrafos que había eliminado del informe original y decidió que ese era momento de enseñar sus cartas. ¡Ahora o nunca!

-Gracias, señor, pero... ¿No le gustaría saber qué ha sido de "Malena" desde entonces?

-¿Cómo dice? No hay un "después" de 2011. El perfil de Kuznetsova no se completó más allá de esa fecha. No era necesario para el adiestramiento.

-Usted sabe que no es así. La mejor manera de mantenerse en la clandestinidad es ser visible pero sin llamar la atención. -Apostilló -Lo aconsejable es residir en una pequeña comunidad de las afueras de la ciudad, donde apenas se tiene relación con los vecinos. Es decir, refugiarse bajo la apariencia de la típica ama de casa, la perfecta esposa y la ajetreada madre; hacer vida normal, comprar en el supermercado, llevar a los niños al parque y hablar con otras madres de lo difícil que resulta cuidar de gemelos. Nada fuera de lo habitual.

Efectivamente, tras pronunciar la palabra "gemelos", su corazón se paró. Se dio cuenta de que ningún algoritmo, ninguna inteligencia, por muy artificial que fuera, podría deducir eso. Supo que no tendría que haber dado aquel dato. Su boca se secó, aunque, era inútil seguir hablando. Levantó la vista y sus ojos se encontraron con los del director. Por un instante fue capaz de leerle la mente. Le había descubierto y era tarde para enmendar su error.

Aunque no lo había dicho expresamente, no solo acababa de desvelar la existencia real de "Malena" y su familia, sino que había descubierto que era capaz de identificarles y, por tanto, ponerles en peligro.

-Reconozco que sería un buen final, pero aún debemos mejorar su programa. Preséntese mañana en el departamento de Perfiles y, allí, le asignarán un destino. ¿Es lo que buscaba, no?... Le felicito-. Ahora, sí, ahora le estrechó la mano.

Las falsas palabras de Carter y su fría despedida hizo que a Daniel le embargase una sensación de desasosiego. Cuando devolvió su credencial en la entrada notó como si un desgarro interior lo partiera en dos. Tuvo la impresión de haber fallado en el momento más crítico de su vida. Ya no tendría una segunda oportunidad.

Al director le gustaba el café solo, sin leche ni azúcar y, además, no le importaba que estuviese frío. El que Jacobs no se tomó, sería el tercero de la mañana en la cuenta de Carter.

-¡De algo hay que morir! -exclamó, mientras removía el café.

A las dos de la tarde, Carter se puso las gafas, sacó el móvil del bolsillo de su pantalón y pulsó la memoria M1. Un tono intermitente de llamada se escuchó a través del minúsculo altavoz, hasta que, por fin, una voz femenina respondió.

-¡Hola, cariño! ¿Qué me cuentas? -le respondió en tono jocoso.

-¡Nos han descubierto! ¡Toma nota! -dijo Carter, con voz seca. A continuación, le explicó lo sucedido y le dio unas instrucciones breves y claras.

No era la primera vez que Mariah se encontraba en una situación como esta. Sabía bien cómo actuar, así que, memorizó el nombre y la dirección que le había indicado su marido; era todo lo que necesitaba.

-¿A qué hora llegas, Jim? -preguntó, como si la conversación anterior no hubiese existido.

-Saldré un poco más tarde. Pasaré por el centro a hacer alguna compra y recogeré a los niños a las cinco. Nos vemos en casa a la hora de la cena.

-Perfecto, os espero. -Con calma, Mariah se preparó para lo que vendría a continuación.

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Se incorporó a la autopista y circuló más de treinta kilómetros en dirección Norte. Concentrada en sus propios pensamientos, visualizó lo que pasaría en apenas una hora. Estaba acostumbrada. Conducía sin prestar mucha atención al resto del tráfico hasta que la voz metálica del navegador le recordó cual era el camino más rápido hacia Silver Spring.

Veinte minutos más tarde, el sedán plateado de Mariah Carter recorría una céntrica calle del lujoso barrio donde residía Daniel. Tardó poco en encontrar el número buscado, aparcó su coche bajo la sombra de un roble y salió a inspeccionar la zona. Comprobó que la casa no disponía de cámaras de vigilancia ni sistema de alarma, así que, decidió entrar a través de la ventana de la cocina y esperar sentada en una cómoda butaca del salón. Se sentía tranquila y segura de sí misma, probablemente, por la confianza que le proporcionaba su Beretta 9mm Parabellum.

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Había pocas cosas tan gratificantes como una ducha de agua caliente. Mariah permaneció entre espuma y jabón hasta bajar su nivel de adrenalina. El agua limpió no solo su piel sino también los pecados de su alma; fue entonces, cuando sintió la tranquilidad que solo proporciona el "trabajo" bien hecho.

A las seis menos diez, James Carter entró en el garaje en su Chevrolet deportivo; aunque no era un coche apropiado para ir de compras y, mucho menos, para llevar dos sillas de bebé, se negaba a cambiarlo por una berlina familiar. Su vida había dado un giro radical desde el nacimiento de sus gemelos.

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En algún lugar de la casa de la familia Carter se encuentra un expediente desaparecido de los archivos de la sede central de la CIA en Langley, Virginia. La portada, amarillenta por el paso del tiempo, tiene como único identificador las iniciales "M.K." escritas con tinta roja. Dentro, descansan más de setecientas páginas sobre alguien que, según la versión oficial de la Agencia, nunca existió. Masha Kuznetsova, más conocida como "Malena", y ahora esposa de James Carter, sigue en busca y captura por espionaje internacional en más de veinte países. Se le atribuyen atentados en embajadas de medio mundo y se le relaciona, al menos, con once muertes.

Aunque, ahora, deberían ser... doce.

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El cuerpo de Daniel Jacobs apareció en la ducha de su casa con el cráneo fracturado. El informe oficial incluía la expresión "accidente doméstico".

-¡De algo hay que morir!

Caso cerrado.

Esteban Rebollos (Enero, 2018)

 

miércoles, 27 de diciembre de 2017

La novela negra no entiende de fronteras






Casi todas mis lecturas de este 2017 tienen un denominador común: bellos paisajes, alterados por asesinatos, secuestros y misteriosas desapariciones.

A principios de año preparé mis maletas y partí en busca de los culpables de tanta inquietud. Comencé deambulando por las calles de mi tranquilo Gijón, después recorrí las orillas del río Baztán, me adentré en la siempre peligrosa Nueva York, crucé los inhóspitos parajes de Suecia, caminé descalzo sobre lagos congelados en Londres y permanecí escondido tres días en un frondoso bosque de Queensland, aún así, llegué a tiempo de embarcar en un misterioso crucero de lujo y quedar atrapado en una terrible tormenta en la cordillera alpina del Tirol.

Por supuesto, cada día sigo viajando y descubriendo nuevos paisajes; aún son muchos los destinos por visitar y muchos los kilómetros por recorrer.
Eso sí, todo ello ...sin salir de casa.

¡La lectura es la forma más entretenida de viajar!

LECTURAS 2017

- El día que se perdió la cordura (Javier Castillo)
- Falcó (Arturo Pérez-Reverte)
- Deudas del frío (Susana Rodríguez Lezaun)
- Sin retorno (Susana Rodríguez Lezaun)
- Mi nombre es penumbra (Pablo Barrera)
- El editor indiscreto (F. Bellart)
- El libro de los espejos (E. O. Chirovici)
- El experimento (Sebastian Fitzek)
- El lector (Bernhard Schlink)
- La vidente (Lars Kepler)
- Mr. Mercedes (Stephen King)
- El último susurro (Gema Tacón)
- La sustancia del mal (Luca D'Andrea) 
- La cacería (J.M. Peace)
- La chica en la niebla (Donato Carrisi)
- Arrancada (Karin Slaughter)
- Flores cortadas (Karin Slaughter)
- La matanza de los gitanos (Ken Bruen)
- Maderos (Ken Bruen)
- Headhunters (Jo Nesbo)
- Te veré bajo el hielo (Robert Bryndza)
- El contrato (Lars Kepler)
- Juan Salvador Gaviota (Richard Bach)
- Terapia (Sebastian Fitzek)
- El pasajero 23 (Sebastian Fitzek)
- En la mente del hipnotista (Lars Kepler)
- El hipnotista (Lars Kepler)
- Deja en paz al diablo (John Verdon)
- Ofrenda a la tormenta (Dolores Redondo)
- Tinta, una muerte inexplicable (Carlota Suárez García)

jueves, 22 de junio de 2017

Ayer lo empecé, ...hoy lo terminé





Últimamente he decidido adentrarme en la lectura de autores poco conocidos o noveles, salirme un poco del típico "best seller" que suelo leer y experimentar con lecturas de otros autores no tan consagrados como, por ejemplo, Sebastian Fitzek, Lars Kepler o Donato Carrisi.
En mi búsqueda de novelas para leer este verano, he descubierto "Te veré bajo el hielo" ("The Girl in the Ice") del autor británico Robert Bryndza (1979) que acaba de publicar en España su primera novela negra. Sólo decir que la he leído en menos de siete horas, me ha enganchado desde el principio y, sin tener una trama con muchos altibajos, ha sabido mantenerme en vilo todo el tiempo.

El descubrimiento del cadáver de un chica bajo una gruesa capa de hielo en un parque en el sur de Londres, una detective con sus propios demonios personales y un asesino en serie son excelentes ingredientes para prever una trama llena de intriga y emociones.

En su página web, Robert Bryndza nos anuncia sus próximas novelas "Una sombra en la oscuridad" ("The Night Stalker"), "Aguas oscuras" ("Dark Water"), "Last Breath" y "Cold Blood" que completan la serie de la detective "Erika Foster".

¡Ya estoy deseando leerlas!


Título: "Te veré bajo el hielo"
Autor: Robert Bryndza
Editorial: Roca Editorial de Libros
ISBN: 9788416700530
Nº de páginas: 402


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lunes, 12 de junio de 2017

El Cementerio de los Libros Olvidados





¿Sabéis donde se encuentra el verdadero "cementerio de los libros olvidados"?
Os lo digo yo... en el puto contenedor de los cartones.
Conseguir un final digno a una parte de la biblioteca que perteneció a mi padre ha sido tarea imposible. He intentado regalar libros por internet, donar colecciones de biografías y enciclopedias a institutos de enseñanza, he hablado con centros benéficos con la intención de entregarles cientos de novelas para que las vendiesen en el rastrillo de los domingos y, a excepción de algunos amigos que han sabido apreciar un regalo, ha sido tarea imposible darles un digno final.
La semana pasada, tras realizar una criba exhaustiva, decidí llenar los asientos traseros y el maletero de mi coche con todos aquellos libros descartados; unos cuatrocientos libros cuyo destino fue un "punto de reciclaje" de los múltiples que se encuentran esparcidos por mi ciudad.
Mientras lanzaba con rabia los libros a un enorme contenedor repleto de cartones para embalar electrodomésticos, me debatía entre el dolor por no poder darles una segunda oportunidad y comprender que ahora todos ellos apenas ocuparían espacio en mi e-reader.
Así, pasaron por mis manos infinidad de escritores clásicos, decenas de volúmenes de la "Biblioteca Básica Salvat", algunos "Premios Planeta", varios de la "Colección Austral", junto con libros de informática, bricolaje, contabilidad, cocina y un largo etcétera de materias variopintas. De todos modos, autores consagrados y éxitos efímeros han tenido el mismo final, el vertedero.
Quien, por cualquier motivo, haya tenido que desprenderse de sus libros, sabrá de lo que hablo, comprenderá el dolor y la rabia que ahora siento.


- ¡Cuántos libros! ¿Los has leído todos?
- Yo no, pero, sí, hay alguien que los ha leído todos.

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Tres años después la historia se repite. Esta vez no han sido libros sino un piano de pared que perteneció a mi abuela. Nuevamente, ha sido imposible regalarlo y acabó destrozado en un "punto de reciclaje", eso sí, no en el puto contenedor de los cartones sino en el puto contenedor de las maderas.

domingo, 26 de febrero de 2017

"Tinta", ¡Todo un descubrimiento!




Quienes hayan visitado este blog ya conocen las reseñas que suelo realizar sobre los libros que pretendo leer y, posteriormente, mis propias impresiones de aquellos que, una vez leídos, han conseguido llamar mi atención. 

Mayoritariamente mis lecturas se centran en novelas negras cuyos autores tienen nombres ya consagrados como John Katzenbach, Dolores Redondo, Camilla Läckberg, John Verdon o Dan Brown, entre otros. Pero también opino que hay que dar una oportunidad a los escritores noveles que por su frescura aún poseen esa gran capacidad de sorprender al lector. Esta teoría me ha dado muy buenos resultados, por ejemplo, con "El método 15/33" de Shannon Kirk o "La verdad sobre el caso Harry Quebert" de Joël Dicker que, por cierto, esta última, es una de mis novelas preferidas.

Y aquí es donde quiero presentar a la escritora gijonesa Carlota Suárez García que, con su obra "Tinta, una muerte inexplicable" ha conseguido sorprenderme gratamente. Esta novela, que ella misma clasifica como de "misterio", entremezcla las vidas de un forense, una niña bien, una médica de urgencias, un escritor y su psiquiatra; elementos suficientes para crear un ambiente de intriga, sorpresa y miedo.

En mi opinión, una "novela negra" no sólo debe desarrollarse en parajes tenebrosos, contener escenas en blanco y negro o ser protagonizada por un detective a lo Humphrey Bogart en "El halcón maltés". Un novela negra bien puede desarrollarse en las calles de Gijón y ambientarse en las cafeterías, teatros o parques de nuestra ciudad, esos lugares que encontramos cada día a la salida de nuestro trabajo o visitamos el fin de semana mientras paseamos con la familia.

La novela está dividida en tres partes bien diferenciadas según el personaje que narra la historia. Las dos primeras lograron captar mi atención, describiendo perfectamente los protagonistas y su entorno familiar, con diálogos amenos y entremezclando sucesos acaecidos tanto en tiempos pasados como en el presente. Esas dos partes me mantuvieron en vilo, deseando llegar pronto al desenlace y la tercera, lejos de defraudar, me pareció "espectacular". Aquí todas las historias anteriores cobraron sentido, quedando toda la trama perfectamente hilada y dejándome con el buen regusto de un "quiero más".

Ahora sólo me queda esperar por tu próxima novela.
¡Muchas gracias, Carlota!


Título: "Tinta, una muerte inexplicable"
Autora: Carlota Suárez García
Editorial: Tela Ediciones
ISBN: 9788461758715
Nº de páginas: 317
Esteban Rebollos (Febrero 2017)



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lunes, 24 de octubre de 2016

[ 3' 00'' ] Siete lunas




Faltaban tan solo siete lunas para la celebración del Samhain. La temporada de recolección había acabado y era tiempo de almacenar provisiones para la mitad oscura del año. Los preparativos de esa mágica noche se encontraban muy avanzados y las mujeres ya habían construido la hoguera purificadora; una montaña de troncos, tan grande como la cabaña del maestro sanador.

Casi todos los hombres de la aldea se habían embarcado en busca de víveres y, así, resistir el largo invierno. Para ello, no dudaron en cruzar la línea del horizonte y llegar a tierras más septentrionales. En pocos días, los hombres regresarían de los lejanos mares con la bodega del barco bien repleta de atunes en salazón, pieles curtidas y piezas de carne de jabalí o corzo.

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Como cada noche, Alanna arrulló a su pequeña Brenda con una antigua canción de cuna; en ella, se contaban leyendas ancestrales sobre heroicos guerreros como su padre. Conseguir que se durmiera no era tarea fácil. Las extrañas sombras proyectadas por el fuego en el techo de la cabaña, hacían que Brenda se desvelara, no dejara de llorar e, incluso, empezase a temblar de miedo.

-No quiero dormir -dijo la pequeña sollozando-. El hombre del saco vendrá y me llevará muy lejos. No quiero dormir, mamá.

Alanna conocía bien los temores de su hija e intentaba consolarla y tranquilizarla pero, en algunas ocasiones, a pesar de hacerle arrumacos y carantoñas, no era capaz de dormirla hasta bien pasada la medianoche.

-Tranquila, Brenda, pronto llegará tu padre. Traerá cuentas de colores para adornar tu pelo, conchas con las que haremos una bonita pulsera y suaves pieles para calzar tus pequeños pies.

Cuando parecía que se había calmado, la niña gritó:
-¡Mira, mamá, mira como corre por el techo! ¡Es él... el hombre del saco!

Alanna levantó la cabeza y aunque no vio a nadie, un escalofrío recorrió su cuerpo. Le pareció percibir una extraña sombra que se movía rápidamente a su alrededor. Tenían que ser imaginaciones suyas ya que, en esa pequeña cabaña, nada podía ocultarse ni nadie podía esconderse. Atizó el fuego con la esperanza de que el crepitar de las ascuas alejara los malos espíritus.

Por fin, Brenda cayó vencida por el sueño y Alanna la arropó con pieles de su propio jergón. Las dos se quedaron dormidas, abrazadas toda la noche.

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Al día siguiente, el sol se ocultaba tras la bruma de la mañana.

Mientras algunas mujeres ultimaban los preparativos del Samhain recogiendo castañas, bayas y setas, otras se encargaban de los encurtidos que servirían de acompañamiento a las esperadas provisiones traídas por los hombres.

La neblina convertía la aldea en un lugar tenebroso, propicio escenario para una desgracia.

Esa mañana, los niños jugaban en silencio. La típica algarabía de sus voces se había transformado en un leve murmullo. La calma que reinaba en el poblado no podía ser más que un presagio de malos augurios. Brenda corría alrededor de la cabaña, sin alejarse de su madre y siempre con la vista puesta en la espesura del bosque; estaba convencida que era allí donde se ocultaba el temido hombre del saco.

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Los fuertes vientos rasgaron las velas y las embravecidas aguas arrastraron el barco hacia el acantilado. El embate de las olas, golpeando el casco de madera, acabó partiendo la embarcación en dos, hundiéndola a escasa distancia de la costa. La tragedia se ensañó con la tripulación; tres hombres perecieron ahogados en aquellas peligrosas y gélidas aguas y los demás resultaron gravemente heridos por las rocas de los acantilados. Esa noche se refugiaron en una pequeña arboleda cercana a la costa. La lluvia los empapó y la oscuridad los envolvió, mientras los náufragos trataban de recuperar las fuerzas después de aquella dura prueba.

A la mañana siguiente, intentaron acercarse al barco en busca de cualquier objeto que pudieran salvar. Fue un intento en vano; las velas estaban rotas, los cordajes colgaban de los mástiles, la cubierta estaba llena de agujeros y la caja del timón había quedado reducida a un montón de astillas. El barco no era más que un esqueleto que apenas se veía ya desde la orilla de la playa. Tampoco hallaron los cuerpos de los marineros ahogados; estos fueron arrastrados por las olas hasta las profundidades del mar.

La mala suerte se había cebado con ellos. Emprendieron el camino de vuelta con la moral más debilitada que su propio cuerpo, sabiendo que lo habían perdido todo y no resistirían el largo invierno. Aún peor era la sensación de frustración que los dominaba. Pasarían hambre, tendrían frío y quizás morirían en su intento de llegar a la aldea pero no era momento de rendirse. Casi sin fuerzas para continuar, permanecieron en silencio, sin saber qué hacer. Solo pasaron penurias desde que tuvieron que abandonar el barco en mitad de la tormenta.

Malheridos, sin barco y sin provisiones, a los supervivientes solo les quedaba la esperanza de recibir el consuelo de sus familias. Tras días de arduo camino, acosados por carroñeros y alimañas, por fin consiguieron llegar a la aldea.

Mujeres y niños fueron a recibir a los hombres a la entrada del pueblo. Fueron recibidos por una multitud de personas, que los abrazaron y lloraron con ellos. Aunque los días de penalidad no habían hecho más que comenzar, al menos habían sobrevivido para contarlo. A pesar de todo lo sucedido, en el rostro de Brenda se dibujó una sonrisa por reencontrarse con su padre. Los tres se juntaron en un largo y silencioso abrazo.

El maestro sanador, un hombre anciano y sabio, se internó en la profundidad del bosque y, allí, permaneció durante varias lunas. Durmiendo a la intemperie, comiendo frutos silvestres y setas alucinógenas, consiguió fundirse con la naturaleza y encontrar las respuestas buscadas. El día en el que regresó al pueblo, sus cabellos y su barba eran blancos como la nieve, se paró junto a la hoguera preparada para el festejo, esperó que la multitud le rodease y levantó las manos para pedir silencio.

-Hoy es un día muy especial. Esta noche celebramos el Samhain, la noche en que los espíritus de nuestros antepasados nos visitan-. La gente asintió y, entonces, el maestro sanador cambió su tono de voz, haciéndola más inquisitiva - Este año los dioses de la cosecha nos han dado la espalda. Hemos perdido sus favores y la maldición se ha cernido sobre nuestra aldea. Ahora, esos dioses nos exigen una ofrenda para ganar su gratitud -sentenció, cuando un murmullo de indignación se inició entre la multitud.

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El día de la celebración, la gente de la aldea se reunió alrededor de la hoguera para dar gracias a los dioses, pedirles salud y protección durante el invierno. Los hombres bailaban alrededor del fuego, cantando y gritando, y las mujeres canturreaban una melodía mientras echaban ramas secas en las llamas.

La Noche del Samhain llegó el hombre del saco a la cabaña de Alanna y Brenda. Era un hombre mucho más tenebroso de lo que esperaban. Arrebató a la niña de las manos de su madre y se dirigió con ella hacia la hoguera. Allí, con un corte certero, degolló a la pequeña y echó su cuerpo a las llamas, mientras el resto del poblado danzaba a su alrededor. Todo ello para pedir la benevolencia de los dioses para la cosecha del año siguiente.

Aquel era el peor ser de la tierra, el más cruel, el más perverso. Aquel hombre del saco era... su padre.


Esteban Rebollos (Octubre, 2016)

sábado, 24 de septiembre de 2016

[ 1' 50'' ] Bajo la tormenta





Su necesidad de sangre se había incrementado vorazmente en las últimas semanas. Dejó más de una docena de cuerpos desollados a lo largo de toda la ciudad y, por primera vez, sintió lo que era el miedo. En su interior, sabía que pronto sería descubierta y decidió, precisamente por amor, abandonar a la única persona que amaba. No fue una elección sencilla.

Permanecer en la ciudad no era una opción a tener en cuenta. Su sangre, su alma y su corazón sufrirían, nuevamente, por la pérdida de otro ser querido; ese es el precio de la eterna juventud, una inmortalidad no deseada, una maldición impuesta por su propia estirpe, en definitiva, un regalo envenenado.

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La locomotora quedó inmovilizada por la primera gran nevada del invierno. Valeria miró a través de la ventanilla del vagón de cola y comprobó cómo la tormenta había extendido un manto impenetrable sobre el frondoso bosque.

Entonces, comprendió que esa mañana, al subir al tren, no contaba con quedarse atrapada en medio de la nada y, mucho menos, pasar la noche en compañía. No sospechó que la decisión de escapar apresuradamente tendría consecuencias.

La imperiosa necesidad de sangre fue en aumento al recibir los primeros rayos de luna. Decidió afrontar la evolución de su cuerpo del mismo modo que cuando descubrió, en plena adolescencia, el significado de su legado.

Una ligera somnolencia la envolvió mientras sentía las primeras manifestaciones de su cambio. De repente, un escalofrío recorrió su cuerpo y un fuerte dolor se apoderó de ella. Se había iniciado, así, la inevitable transformación.

Notó que sus senos se volvían más turgentes, sus labios se perfilaban y sus ojos adquirían un aspecto más felino. Se tornó más sensual, más femenina, más encantadora, en fin, se convirtió en el ser más mortífero sobre la faz de la tierra.

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Su enloquecedora fragancia extendió un deseo de atracción que ningún ser vivo dentro de ese vagón podía ignorar. Era una fascinación irrefrenable, impetuosa, irresistible. La cacería había comenzado.

Acurrucada en la parte trasera, notó cómo la intranquilidad se apoderaba de sus próximas víctimas. Se sentían acorralados aunque no eran capaces de identificar el origen de tanto desasosiego.

El primero en caer en la trampa fue un joven que, atraído por el cautivador aroma de Valeria, decidió acercarse para entablar conversación. Aquella fue su nefasta y última decisión.

Tras él, se desencadenó una furia incontrolada, una orgía de muerte que no cesó hasta acabar con todos los viajeros. Las paredes se tiñeron de sangre y el suelo del vagón pronto se cubrió de cuerpos desmembrados.

Cuando Valeria abandonó el tren, veintiséis personas yacían muertas en su interior. Durante días vagó intentando llegar a la civilización, devorando alimañas a las que dio caza con sus propias manos.

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Una semana después, por fin, vislumbró las luces de la ciudad y, a pesar de estar bajo la tormenta, le embargó una sensación de bienestar. En ese momento supo que el ser que llevaba en su vientre tendría una oportunidad... una excelente razón para comenzar una nueva historia.

Esteban Rebollos (Octubre, 2016)

Continúa la historia en...  "La estirpe"


jueves, 31 de diciembre de 2015

[ 2' 00'' ] La apuesta - Serie Maine (VII)



Cada quince o veinte días, el estado de Maine amanecía con la noticia de que se había perpetrado un nuevo atraco en alguno de los numerosos bancos a lo largo de la ruta interestatal 95.

Jefe, ya van nueve en seis meses. ¡A este ritmo no cobraremos la extra de Navidad!

No, Paul, a este ritmo, cometerá un error.

Además de la regularidad entre los sucesos, había un cierto patrón en todos los golpes. Se trataba siempre de un varón blanco, fuertemente armado y que efectuaba el atraco pocos minutos antes del horario de cierre. Después, huía en un coche de gran cilindrada que aparecía quemado a las afueras de la ciudad. No tenían más pistas.

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Unos días más tarde, el segundo ayudante del sheriff, Paul Wesley, llegó a la comisaría más temprano que de costumbre.

Jefe, he recibido un soplo. El atraco será mañana, en el Camden National Bank.

¿Quién es el confidente?

Es un drogadicto de poco fiar. ¿Qué hacemos?

¡Necesito acción! —exclamó el sheriff —Montaremos vigilancia pero nada de refuerzos, que si el tipo ese no aparece, no quiero hacer el ridículo. Sólo nosotros tres. —Y miró buscando la aprobación de James Dawson, quien asintió con un leve movimiento de cabeza.

¡Usted verá!, ¿Qué se apuesta a que no sucede nada? —dijo Paul.

¡Venga, ...una botella de bourbon!

¡Eso está hecho, jefe!

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Dawson hacía guardia sentado en la oficina del director. Vestido de paisano parecía más un armario ropero que un empleado de banca. Y no era el único policía que permanecía a la espera de acción; al otro lado de la calle, dos coches camuflados estaban preparados para cortar el paso al atracador en caso de fuga. 

En algo más de cinco horas, no había habido ningún movimiento inusual, pero a  falta de diez minutos para el cierre del banco, un aviso en la emisora les hizo saltar de sus asientos.

¡Atención! Hombre blanco sospechoso... Acercándose por Mall Boulevard... Llegando a la entrada del banco... Preparaos... —dijo Paul agazapado dentro de uno de los coches aparcados en la acera de enfrente, y continuó,

¡Falsa alarma! El tipo sigue de largo.

A las dos en punto se cerraron las puertas del banco y diez minutos más tarde, aburrido de tanta espera inútil, el sheriff decidió dar por finalizado el operativo de vigilancia. Nunca una mañana se les había hecho tan larga. 

Se acabó, chicos. ¡Todos a la central! Paul, te debo una botella —dijo un decepcionado Stalker desde la emisora del otro vehículo.

James Dawson había aparcado su coche patrulla en una estrecha callejuela de la parte posterior y allí se dirigió tras salir del banco.

De regreso a la comisaría, se escuchó un segundo aviso, emitido esta vez, desde la emisora de la central.

Atención a todas las patrullas. Atraco en la joyería "Robinson", Mall Boulevard. Localicen un Shelby GT, azul metalizado, matrícula de Illinois.

El ayudante del sheriff arrancó el coche patrulla y salió del callejón para incorporarse al amplio boulevard de cuatro carriles. A lo lejos vio acercarse rápidamente el coche buscado, se abrochó el cinturón de seguridad y dijo:

Ahí viene. ¡Joder, esto va a doler!

Dawson, aproximándose por el carril contrario, dio un volantazo y el coche patrulla impactó, casi frontalmente, contra el llamativo Shelby azul.

El cuerpo del atracador salió despedido a través del parabrisas y fue a estrellarse contra los adoquines de la calzada. En medio de la calle no sólo quedó un cuerpo sin vida sino todo el botín esparcido bajo el coche.

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Mientras James Dawson disfrutaba en casa de unas vacaciones forzosas debido a sus tres costillas rotas, "The Bangor Daily News" daba la noticia de otro éxito del departamento de policía del condado.

El sheriff, Raymon Stalker, celebró en soledad su nueva condecoración, eso sí, brindando con la botella de bourbon ganada en la apuesta. Y, hablando de Paul, decir que por fin cobró su ansiada paga extra.

La única pieza que no se recuperó del botín, un fabuloso anillo de diamantes, fue a parar como regalo de Navidad a Brenda, la mujer de James Dawson. Así recompensó Raymon Stalker la valentía de su ayudante.



Esteban Rebollos (Diciembre, 2015)



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